Apremia mostrar las visiones contrapuestas del Nobel de Literatura 1990, el mexicano Octavio Paz (México D.F., 1914 -1998) con un otro mexicano contemporáneo suyo: Filósofo, poeta y crítico social, Enrique González Rojo (México, D. F., 1928), quien ha representado para México ser el heredero de la dinastía lírica de la historia literaria mexicana. Es nieto de Enrique González Martínez (1871-1952), el poeta del modernismo hispánico en el México de los años veinte y treinta y quien fuese considerado uno de los "siete dioses mayores de la lírica mexicana". (García, 2009) En la página internet de Enrique González Rojo Arthur encontramos una gran cantidad de obra filosófica y poética suya. Afirma que, siendo un autor censurado en México, es aquí donde puede dar a conocer parte de su obra. González Rojo es poeta, académico, anarquista, anticapitalista, activista político de la izquierda mexicana y largamente marginado por grupos hegemónicos de la intelectualidad y política mexicana; mas por ello independiente, alegre, amigo de los sectores de escritores, de académicos y pensadores libres en contra del régimen capitalista o del sistema de clases per se. La obra poética y académica bajo su pluma es original, creativa y rigurosa, dejando a pocos inmutables tras leerla. 

Tras su jubilación magisterial de varias universidades autónomas de México, en 1989 sale a la luz su primer libro enjuiciador a la obra de O. Paz: El Rey va desnudo, los ensayos políticos de Octavio Paz. Su segundo libro al respecto saldrá al año, Cuando el Rey se hace cortesano, Octavio Paz y el salinismo (1990). 

El título del primer libro, El Rey va desnudo, los ensayos políticos de Octavio Paz, responde a la tesis de que, siendo Paz considerado un monarca de la inteligencia en México, estando (in)vestido de manera envidiable desde el punto de vista cultural, El rey va desnudo "... de rigor, de profundidad, de ciencia, de originalidad, de espíritu progresista". (González, 1989, 306) El rey va desnudo, obra de diecinueve intervenciones y 360 páginas, es la recopilación de grabaciones de un seminario dado por el profesor Enrique González Rojo a un grupo de alumnos. Es relevante que no sólo González Rojo sea quien presente sus opiniones, críticas, elabore planteamientos o reflexione sobre la obra ensayística de Paz; la obra recoge también las intervenciones de los alumnos, cuyas aclaratorias, críticas y reflexiones de rigor académico ilustran la obra. De entre los participantes en el seminario, hay un alumno que muestra admiración por Paz, se aviene a la obra de Paz y contraviene con lo expuesto por el profesor ponente y sus compañeros. Los diálogos sucitados a lo largo del curso son representativos de las visiones sobre la obra y persona de O. Paz. Pero también trastocan la obra de Paz y son representativos de diversas posturas ante el estudio de la historia, la filosofía, la crítica y la literatura. 

La crítica del seminario está centrada -aunque no exclusivamente- en los presupuestos filosóficos de dos de los ensayos políticos de Paz, cuyo tema central son la URSS y los países socialistas: El ogro filantrópico, historia y política 1971-1978 (1979) y Tiempo Nublado (1983). 

Las ideas de carácter político de Paz aparecen en gran parte de sus ensayos políticos, siendo varios los temas centrales: el Estado, la burocracia, el primer y segundo mundo, la rivalidad entre gobiernos de EUA, URSS, México, etc. En Posdata, Paz llama "la tarea de nuestro tiempo" (Paz, 2001, 303) el concebir modelos de desarrollo viables y menos inhumanos. Recordemos que el tema de nuestro tiempo: la superación de la modernidad, era para el filósofo Ortega y Gasset una de las preocupaciones en el pensamiento de nuestra autenticidad. 

En adelante, revierto la atención de la obra crítica de González Rojo a Octavio Paz en cuatro rubros principales: 1) La posición historicista, descriptivista de O. Paz ante la posición de determinismo histórico, estructural de E. González Rojo, 2) La tesis del sustituismo aplicado al Estado, a la burocracia y a la clase intelectual, 3) La lucha inter-intelectual, 4) Modernidad y Tradición en el México Contemporáneo.

1) Historicismo de Paz ante determinismo histórico de González Rojo

La confrontación académica política que desembocó en la masacre de Tlatelolco perpetuada el 2 de octubre de 1968 representó el epicentro para discutir el carácter del régimen político vivido de ése presente mexicano. Posdata es parte de la tradición intelectual nacional e intelectual consistente en realizar una crítica a la situación del país y una crítica a la clase política mexicana dada la violencia gubernamental a la manifestación estudiantil.

Paz escribe en Posdata (1969):

Lo que ocurrió el 2 de octubre de 1968 fue, simultáneamente, la negación de aquello que hemos querido ser desde la Revolución y la afirmación de aquello que somos desde la Conquista y aún antes. Puede decirse que fue la aparición del otro México o, más exactamente, de uno de sus aspectos. (Paz, 2003, 391)

Paz pregunta sobre la "forma de producción de historia" (Paz, 2003, 390, 391), las combinaciones de factores históricos, fuesen éstos económicos o culturales. Habla de un sistema combinatorio o de asociación distinto a cada cultura, las "combinaciones producen figuras distintas y únicas, o sea: historia". (Paz, 2003, 390) Paz considera que:

 Tal vez en todos los pueblos y en todas las civilizaciones opera el mismo sistema combinatorio -de otra manera se rompería tanto la unidad de la especie humana como la universalidad de la historia-, sólo que en cada cultura el modo de asociación es distinto. (Paz, 2003, 391) 

Diez años después, en El ogro filantrópico (1979), Paz reconoce: "Los hechos históricos no están gobernados por leyes, o al menos, esas leyes no han sido descubiertas." (Paz, 1990, 38) 

 De Paz es reconocida su escritura diáfana y elegante, "prosa [...] de rara belleza y de provocación intelectual única". (González, 1989, 10) Pero, para disgusto de más de uno, maneja un eclecticismo de presuposiciones, de abstracción, combina determinadas circunstancias históricas, es descriptivo, mas de explicaciones exteriores. Paz no acepta ninguna legalidad histórica, determinismo social o ciencia de la historia en el proceso de los aconteceres. Para Paz, "Cada traducción [de la escritura de la historia] es una creación: un texto nuevo". (Paz, 2003, 392) En oposición, González Rojo reconoce:

 [...] la regularidad que presentan ciertos fenómenos -y que se diferencia de los hechos individuales, irrepetibles, contingentes e inesenciales- puede ser definida como ley histórica. [...] Su modo de operación no excluye ciertas excepciones, casualidades, infracciones a la casualidad legislativa. La ley histórica es, por eso, natural-social. Se forma sobre la base de tendencias, promedios, abstracciones, eliminación de perturbaciones inesenciales. (González, 1989, 22) 

González Rojo clasifica los problemas de la historia encerrados en los modos de producción manual e intelectual. Las contraveniencias históricas del sistema son resultado de antítesis: las contradicciones principales a considerar en cuanto la aristocracia es la terrateniente, dueña de los medios materiales de producción. Esta aristocracia contrapuesta a la democracia pedida por el pueblo. El pueblo que, siendo la fuerza laboral, no es dueño de los medios de producción, son los desposeídos de ellos. Una contradicción secundaria estriba en la antítesis de conversión entre el "trabajo intelectual/trabajo manual". (González, 1989, 26) El resultado de la revolución democrático-burguesa es revertido al problema de quiénes son los dueños del capital y del trabajo; resultado de necesidades históricas irresueltas. Siguiendo a González Rojo, "Paz se pronuncia contra la existencia de las leyes históricas, del determinismo social, de una ciencia de la historia". (González, 1989, 25) Para González Rojo, el problema estriba en solucionar que el pueblo no esté desposeído de los medios de producción material e intelectual: 

 Como una revolución hecha por los obreros y campesinos para los obreros y campesinos, es decir, como un proceso de cambio que articule la revolución económica (la socialización de los medios materiales de la producción) destinada a destruir a la clase burguesa, con la revolución cultural (la socialización de los medios intelectuales de la producción orientada a destruir a la clase intelectual. (González, 1989, 29)  

Paz escribe en Posdata

   Estos cambios [1929, 1938, 1946] reflejan los tres momentos de México moderno: la creación del nuevo Estado, la reforma social y el desarrollo económico. Pero ninguna de las tendencias que caracterizan a estos tres momentos surgió del Partido sino de arriba, de la presidencia y sus consejeros. (Paz, 2003, 379) 

González Rojo se opone a la visión pacista de comparar a nivel epidérmico. Por ejemplo, en Posdata:

 [...] si el régimen impidiese la solución democrática, el resultado no sería el statu quo sino una situación de inmovilidad forzada que terminaría por provocar una explosión y la recaída en el ciclo de la anarquía a la dictadura. (Paz, 2003, 381) 

González afirma que Paz no examina las diferencias de dos modos de producción, de dos Estados, sino que compara dos formas de gobierno, haciendo abstracción del régimen socioeconómico al que responden. 

[Paz] Intuye, sin duda, la naturaleza del Estado: la sustantivación del poder público frente a los gobernados. Pero no advierte que la naturaleza estatal no se da al margen de su carácter de clase. No comprende la articulación que hay entre la naturaleza y el carácter de un Estado... (González, 1989, 296) 

Las razones de las opuestas visiones entre Octavio Paz y Enrique González Rojo están centradas, entre otras posturas, por lo que González Rojo considera el "pensamiento historiográfico [...] movilismo universal [...] historicismo" (González, 1989, 30) de Paz, donde se refiere a unos hechos históricos que se suceden unos a otros sin orden ni concierto, donde no hay leyes históricas, sino circunstancias. Mientras el determinismo social de González Rojo considera una serie de casualidades, circunstancias, hechos que determinan y convierten la ley de tendencia en realidad. González Rojo apoya las leyes históricas, la dialéctica histórica de la "tendencia de la ley" (González, 1989, 48) así como la ley de tendencia, el modo en que se comprenden y llevan a cabo determinaciones específicas. Por ejemplo, González Rojo explica que aún si la clase intelectual (clase histórica del capitalismo), apoyándose en los obreros y campesinos (clases empírico-decisivas), destruyese al capital privado y a los agrupamientos dominantes de la nobleza y el alto clero (clases ahistóricas, llamadas a desaparecer de la palestra), daría lugar a la conformación de un nuevo orden social en la que ella, la clase intelectual, y en especial su estado mayor tecnoburocrático, se convirtiesen en los agrupamientos sociales dominantes. La ley de tendencia ha dado oportunidad, entonces, a que en la cuyuntura adecuada para el cambio, tenga lugar la tendencia de la ley. (González, 1989, 48) 

González Rojo centra las leyes de tendencia del determinismo histórico en: Modo de Producción Capitalista (MPC), Modo de Producción Intelectual (MPI), Forma Social Intelectual (FSI), Plusvalía Social Planificada (PSP). Estas leyes de tendencia deciden el desarrollo político, social, económico, por ende, la historia. González Rojo hace énfasis en que el problema no es cambiar el gobierno, ya que cualquier reforma del contrato social son funciones usurpadas a la sociedad por el Leviathán y disfraz de la burocracia ejecutiva dominante e inmanente; despotismo y dominio clasicista. La misma democracia demagógica es una farsa por ser un instrumento usufructuario de, por y para la clase burguesa para mantener los privilegios de la minoría, ser dueños de los medios de producción materiales e intelectuales; mientras la mayoría continúa desposeída. Siguiendo a González Rojo, los modos de producción intelectual (MPI) son una forma no de transición (como un proceso de revolución o mutación), sino un régimen intermedio al socialismo (es decir, un proceso evolutivo condicionado a su existencia en un espacio histórico). Este MPI es considerado más progresista que el modo de producción capitalista (MPC), "el modo de producción intelectual es más avanzado que el capitalista, como éste lo fue más que el feudal". (González, 1989, 72) 

En otro ejemplo, vemos como Paz considera en Posdata que los elementos centrales que conforman la modernidad son "la doble y complementaria tradición de la democracia política y el pensamiento crítico". (Paz, 2003, 383) Posteriormente Paz, en El ogro filantrópico, compara o hace analogías entre regímenes o poderíos económicos, científicos, técnicos, militares o culturales. Mas, a consideración de González Rojo, compara por medio de la abstracción y de englobar superficialmente sin hacer una determinada clasificación de accidente y sustancia de la problemática. Paz afirma en El ogro filantrópico:

La observación que he hecho a propósito de la relación ambigua que prevalece entre los sindicatos y el Estado mexicano puede aplicarse a la que nos une con Washington; quiero decir: es una relación de dominación que no puede reducirse pura y simplemente al concepto de dependencia y que permite cierta libertad de negociación y de movimientos. Hay un margen de acción. Por más estrecho que nos parezca ese margen, es de todos modos considerablemente más amplio que el de Polonia, Hungría Chevoslovaquia o Cuba frente a la Unión Soviética. (Paz, 2001, 340)

Mas de acuerdo a González Rojo, al pronunciarse Paz a favor de la democracia política como forma de gobierno, confunde lo que se halla "determinado por la estructura económica y lo que se encuentra condicionado por ella". (González, 1989, 298) González Rojo explica que lo determinado por la estructura económica, jurídica y política, así como las correspondientes formas de consciencia social, juegan un papel de superestructura y deben su existencia al ser social. Lo condicionado por la estructura es aquello que, inmersas en las relaciones socioeconómicas, "depende de su propia práctica". (González, 1989, 298) El riguroso estructuralista González Rojo está a favor no de la democracia política como afirma Paz, sino de la democracia intelectual como modo de producción, aunque, confiesa González Rojo, siguen siendo declaraciones inciertas, por cuanto la verdadera comparación sería comparar: 

[...] la democracia burguesa, en una palabra, con la democracia intelectual. Y si se hace tal cosa, la superioridad de la segunda salta a la vista y lo que parecía incierto y ambiguo, al poner una delante de la otra, la democracia burguesa y la dictadura intelectual, se vuelve claro, contundente, indubitable: el modo de producción intelectual es más avanzado que el capitalista, como éste lo fue más que el feudal, etcétera. Paz no confronta, entonces, de modo adecuado y pertinente, de manera equilibrada y en su nivel, el modo de producción capitalista (MPC) y el MPI. Compara la democracia burguesa -sistema político y forma de gobierno logrados como culminación de un difícil derrotero por medio del cual el MPC buscaba su `forma natural de reproducir sus condiciones de existencia´- con el totalitarismo burocrático- sistema político y forma de gobierno incipiente asumido por el nuevo MPI. [...] Paz no compara, como dije, la democracia burguesa con la democracia intelectual. A veces se ve en la necesidad de confrontar el totalitarismo capitalista con el totalitarismo burocrático con el resultado -producto lógico de quien sólo ve la forma del Estado (o sea el gobierno) y no su esencia- de igualar torpemente a ambos regímenes. (González Rojo, 1989, 72, 73) 

2) Sustituismo aplicado al Estado:  

"Los liberales pensaban que, gracias a los controles democráticos, el Estado poco a poco se debilitaría y humanizaría; los marxistas, más radicales, afirmaban que en las sociedades socialistas el Estado comenzaría a extinguirse, hasta evaporarse del todo al advenimiento del comunismo. No solamente ha ocurrido exactamente lo contrario sino que ahora empezamos a sospechar que el Estado es una realidad relativamente autónoma. Nos hace falta un análisis verdadero -quiero decir: objetivo y crítico- del Estado contemporáneo." 

(Paz, Posdata, 2003, 383, 384)

"El Estado real, el Estado histórico, el, por así decirlo, Estado de carne y hueso, no puede ser ni administrador racional, ni árbitro neutral, ni encarnación de la Idea, porque inexorablemente acaba por ser un aparato, un instrumento instituido o capturado por la clase dominante y su sector hegemónico para velar por sus intereses."

(González, El Rey va desnudo, 1989, 76)

De acuerdo a González Rojo, Paz escribe en Tiempo Nublado que Rousseau "concibe el pacto social como un acto anterior a la historia y desfigurado por ésta a través de la propiedad privada y la desigualdad". (Paz, 1995, 302) González Rojo afirma:

 Paz no comprende que el contrato social no es un acto anterior a la historia [...] es la ficción teórica [de un] estado ideal [...] un dispositivo ideológico burgués, porque los contratantes (que van a obtener una igualdad formal ante el convenio) son desiguales de hecho antes del pacto y después de él. (González, 1989, 90, 91) 

Es difícil plasmar en esta tesis el pensamiento del filósofo Enrique González Rojo y sus desaveniencias con O. Paz; es siempre preferible leer las fuentes originales de cualquiera de los autores a lo largo mencionados. Sólo resta mencionarles como referencia y comparación. El estilo de Enrique González Rojo es el de proporcionar explicaciones profundas, documentadas y es severo al afirmar que Paz gusta de la imprecisión. Por ejemplo, Paz escribe en El Laberinto de la soledad: "Desde entonces la clase obrera ha dependido, más o menos estrechamente, de los gobiernos revolucionarios..." (Paz, 1992, 57) Paz, contrapone González Rojo, considera al Estado como un contrato social de respeto a la decisión de la mayoría, una forma gubernamental no autocrática que vela por la libertad de pensar y de imprenta. Afirma que Paz es víctima de su enfoque historicista y no logra advertir que el despotismo burocrático no es sino una de las formas de gobierno que puede asumir como ha asumido el MPI. "Paz ignora la relación entre la sociedad política y la sociedad civil [...] al desdeñar, subestimar o ignorar las determinaciones externas del Estado." (González, 1989, 37) González Rojo enfatiza la diferencia entre lo determinado por la estructura económica, aquellas (super)estructuras: lo jurídico, lo político y las formas (ideológicas) de la conciencia social; a distinguir de las rasgos condicionados, mecánicos, por ello epifenoménicos de la sociedad: política, religión, ciencia, artes, ideas, etc. (González, 1989, 298, 299) 

A estas alturas vemos cómo Paz es un escritor ecléctico, fruto de las visiones de cierta sociedad; mientras González Rojo es un escritor de fuerte fondo ideológico marxista. 

2.1) Sustituismo aplicado a la burocracia:

Paz afirma en Posdata

La aparición de las burocracias políticas en el siglo XX es quizá la consecuencia de revoluciones sociales en países insuficientemente desarrollados; la imposición de modelos avanzados de desarrollo a sociedades arcaicas, tanto como la aceleración forzada del proceso, explica la institución de regímenes de excepción. La contradicción entre estas dos palabras, institución y excepción, expresa la contradicción básica. [...] ¿qué teoría podrá explicar la aparición, en la era tecnológica, de las burocracias? [...] Fiel a Marx, Trotsky se negó siempre a aceptar que la burocracia fuese una clase. Entonces, ¿qué es? [...] La burocracia sigue siendo un concepto fantasmal, elusivo [...] los regímenes burocráticos contemporáneos desmienten la idea de la historia como un proceso lineal análogo a la demostración de un discurso: esclavismo, feudalismo, capitalismo, etc. [...] La diferencia es que nuestras modernas burocracias están compuestas por tecnócratas. (Paz, 2003, 383, 384, 385)

El escritor Xavier Rodríguez Ledesma pasa por alto las dudas de Paz cuando éste escribe: "Octavio Paz explicita que no tiene claridad sobre cuál es el carácter de la burocracia, si ella es una casta o una clase, pero sea lo que sea..." (Rodríguez, 1996, 161) A su vez, González Rojo explica que la burocracia no puede ser una casta porque no existen títulos nobiliarios ni cánones teológicos. "La burocracia no es, entonces, una clase social, sino la expresión funcional de la intelligentsia, que sí es, en cambio, una clase." (González, 1989, 60) González Rojo especifica que el dirigente tecnoburocrático viene siendo el funcionariado estatal, quien encarna el lugar central de mando de los propietarios: "son dueños de los medios materiales de la producción porque, previamente a ello, son dueños de medios intelectuales de la misma". (González, 1989, 40) La teoría del sustituismo conlleva que quienes  llegan al poder construyen la sociedad a su imagen y semejanza, son quienes toman las decisiones no sólo económicas del régimen, son el "sector histórico, para sí, de la clase intelectual". (González, 1989, 40) Los agentes revolucionarios (y no revolucionarios) se hallan organizados de tal modo "-como laboratorio intelectual-" (González Rojo, 1989, 60); muestra que Paz no reconoce. Comparamos que González Rojo no es descriptivista, ecéptico ni abstracto como Paz, sino busca dar explicaciones multilaterales de los hechos en cuestión.

Al afirmar Paz en Posdata:

   El Partido no es una agrupación política en el sentido recto de la palabra: ni su forma de reclutamiento es democrática ni en su seno se elaboran programas y estrategias para realizarlos. Es un organismo burocrático que cumple funciones político-administrativas. Su misión principal es la dominación política, no por la fuerza física sino por el control y la manipulación de los grupos populares, a través de las burocracias que dirigen los sindicatos obreros y las asociaciones de los campesinos y la clase media [...] el monopolio político implica no sólo el control de las organizaciones populares sino el de la opinión pública. (Paz, 2003, 379) 

González Rojo afirma que Paz, aunque acuse a una política dictatorial antidemocrática, es partícipe de la política de la burguesía en el poder que vela por el sistema ideológico del contrato social. De ahí que a Paz no le inquiete de igual modo, no especifique la política antiproletaria de la clase burguesa, defiende (al silenciarlo) el contrato social burgués. Paz, afirma González Rojo, está a favor de poner en primer plano la propiedad y la socialización de los medios materiales e intelectuales de la producción. Igualmente, la democracia occidental por la que aboga Paz no soluciona los problemas centrales: el eliminar el sector burocrático político y su dualidad clasista. Esta dualidad clasista es la de aquellos miembros que pertenecen a la clase burguesa y a la clase intelectual, al mismo tiempo que son dueños de los medios de producción e intelectuales. 

En contraposición al eclecticismo y abstraccionismo de Paz, González Rojo aboga por el "sincretismo productivo" (González, 1989, 292) de diversas aportaciones: aboga por una serie de revoluciones como la revolución cultural, la rebelión ecológica, las revoluciones económicas mediante la socialización de los medios de producción. Busca "la autoorganización popular, la autogestión, la participación activa de los ciudadanos". (González, 1990, 52) Aboga por abandonar "los prejuicios del estatismo y de todo corporativismo <<de izquierda>>" (González, 1990, 52) que identifique el oponerse a la derecha en cualesquiera de sus manifestaciones "(estatista o tecnocrática)". (González, 1990, 52)  Aboga González Rojo por modificar, no por ello violenta, pero sí sustancialmente, las condiciones económicas prevalecientes, evitando las distorsionadas relaciones sociales productivas sobre la tecnología. González Rojo busca integrar la planificación socialista de la Revolución Articulada (RA): 

La Revolución es la toma de conciencia de que para construir el socialismo, después de destruir el capitalismo, se requiere llevar a cabo un conjunto de revoluciones que, aunque deben ser realizadas en un solo proceso -tomando esta palabra en su sentido amplio-, no pueden confundirse unas con otras, en virtud de que cada una de ellas posee un objeto específico por revolucionar [...] la RA que luche a muerte, mediante la planificación socialista, contra el irracionalismo de los sistemas capitalista e intelectual y los desequilibrios ecológicos que la técnica en cuanto tal trae aparejados. (González, 1989, 292)

        3) La tradición de colisiones interclasistas  

Paz afirma en El laberinto de la soledad que el ser precursor de algún movimiento como el de la revolución no implicaba que fuesen hombres intelectuales. Paz considera "verdaderamente un intelectual [...] un hombre que se hubiese planteado de un modo cabal la situación de México como un problema y ofreciese un nuevo proyecto histórico". (Paz, 1992, 57) Paz, en el capítulo VII. de El laberinto de la soledad, llamado "La `inteligencia´ mexicana" (Paz, 1992, 63) -en las obras completas el capítulo lleva por título "La intelligentsia mexicana" (Paz, 2001, 147)-, dice de éste: "[...] ese sector que ha hecho del pensamiento crítico su actividad vital. Su obra, por lo demás, no está tanto en libros y escritos como en su influencia pública y en su acción política". (Paz, 2001, 147) Posteriormente afirma: "La intelligentsia mexicana, en su conjunto, no ha podido o no ha sabido utilizar las armas propias del intelectual: la crítica, el examen, el juicio." (Paz, 2001, 152) Es menester referir aquí a Alfonso Reyes quien, en Notas sobre la inteligencia americana (1936), abogó porque se reconociese la mayoría de edad, la "ciudadanía universal" (Reyes) a que había llegado la cultura latinoamericana. Paz define los movimientos de independencia, de reforma y el revolucionario de México:

La Independencia no es solamente fruto de diversas circunstancias históricas, sino de un movimiento intelectual universal, que en México se inicia en el siglo XVIII. La Reforma es el resultado de la obra y de la ideología de varias generaciones intelectuales, que la preparan, predicen y realizan. (Paz, 1992, 56, 57)  [...] En la tarea colaboraron poetas, pintores, prosistas, maestros, arquitectos, músicos. Toda o casi toda, la intelligentsia mexicana. (Paz, 1992, 63) 

Paz combina los conceptos intelectual, ideología e inteligencia. Paz también distingue "las armas propias del intelectual: la crítica, el examen, el juicio". (Paz, 1992, 66) En El laberinto de la soledad, Paz considera inteligencia a aquellos jóvenes intelectuales convertidos en consejeros de los caudillos revolucionarios que, siendo poetas o novelistas estudiaron profesiones teórico liberales para, finalmente, ser utilizados en fines concretos de la conformación del país. De ellos saldrán los técnicos y expertos inmersos en la acción política, aunque, especifica Paz, no por ello diestros en la crítica, el examen, el juicio, por lo que su resultado ha sido "el espíritu cortesano [...] que se transforma en gobierno". (Paz, 1992, 66) 

Ejemplo moderno de una inteligencia -no cooptada por el poder-, afirma Paz, es la filosofía de la raza iberoamericana, donde José Vasconcelos, fundador de la educación socialista en México, hace del pueblo su superior descubrimiento. Vasconcelos cambia el lema positivista de "Amor, Orden y Progreso" (Paz, 1992, 64) a una forma buscada más personal: "Por mi Raza Hablará el Espíritu". (Paz, 1992, 64) Expresión, piensa Paz, de los quereres particulares y los anhelos de una tradición universal justificada como solución en un futuro. Paz reconoce un cambio en el intelectual, cuyo paradigma fue el filósofo mexicano Leopoldo Zea Aguilar (1912-2004) o el también filósofo mexicano Emilio Uranga (1921-1988), críticos independientes, quienes conscientizan el ser mexicanos y americanos. El pensamiento filosófico que conlleva la gestación del monólogo del niño a un diálogo con otros continentes, una larga reflexión filosófica que, afirma Paz, es el hombre sin máscaras nacionales. La contemporaneidad nos contiene como a una sola civilización con un solo futuro. Igualmente, la crisis representa una "escisión en el seno de nuestra civilización". (Paz, 1992, 72) 

En esta misma sección sobre la inteligencia mexicana, Paz aboga porque México está listo a contraponerse al positivismo y a la influencia francesa, "romper la geometría intelectual" (Paz, 1992, 67) impuesta como medio de formación. Contra ello, "El radicalismo mexicano, como se ha procurado mostrar en este ensayo, tiene otro sentido." (Paz, 1992, 67) Por radicalismo, entiende Paz "el humanismo, pues el hombre es la raíz de la razón y de la sociedad." (Paz, 1992, 59) Como ejemplo, resalta el  radicalismo del movimiento de la Revolución Mexicana que busca volver a sus orígenes "a la raíz [...] al calpulli" (Paz, 1992, 60) 

En cuanto a radicalismo e intelectualidad, Paz  plantea y/o resuelve la disyuntiva entre nacionalismo y universalismo uniéndoles, asumiéndoles como la necesidad histórica del momento, de 1950, del medio siglo XX. Contrasta las visiones de Samuel Ramos, quien representa la tendencia nacional intimista, encarnada, dice Paz, en la Revolución Mexicana. Contrasta y/o complementa con Jorge Cuesta, quien muestra "la necesidad de insertar nuestras particularidades en una tradición universal." (Paz, 1992, 67)

Mas, retomando el tema de la inteligencia mexicana, no resulta ya sorprendente el que González Rojo tenga un concepto diverso sobre qué ha de entenderse por intelectual.  Paz, afirma González Rojo a lo largo de su obra, ubica la noción de la "clase intelectual [...] con intelectualidad académica o, en un concepto restringido del término, la intelligentsia cultural." (González, 1989, 29) Paz entiende que la clase intelectual está formada por los miembros de las profesiones liberales y culturales: los filósofos, educadores, científicos, ideólogos, literatos, técnicos, artistas, aquellos trabajadores mentales que operan al margen del Estado, de la producción y del ejército, aquella clase sojuzgada y disidente.

González Rojo se distancia de Paz:

Para mí -que en esto soy heredero de una tradición teórico-política significativa- la clase intelectual comprende a todos los individuos que, independientemente de sus funciones o del tipo de actividad que desplieguen en la sociedad, trabajan esencialmente a partir de la adquisición de medios intelectuales de producción que han obtenido en la escuela o en la experiencia. La intelectualidad académica forma parte, sí, de la clase intelectual; pero también los burócratas, técnicos, administradores y militares que han tenido que estudiar una carrera en tal o cual institución educativa para ocupar el rango que ocupan y ejercer el papel directivo que ejercen. (González, 1989, 30)

González Rojo incluye a la clase intelectual a los políticos y al alto mando de las tres armas, a los burócratas, a los administradores tanto del Estado cuanto de las empresas y organizaciones políticas y sociales. Afirma que no es por las especies que se define a la intelligentsia, sino por el género, y enfoca su análisis en definir:

 Su noción de `clase intelectual´ no es otra cosa que la extensión conceptual de su status como poeta, ensayista, literato. [...] la lucha entre los ideólogos, políticos y burócratas, y la intelectualidad disidente, no es otra cosa que una lucha interintelectual, pugna en que, en la mayor parte de casos, el lado progresista recae en los intelectuales de la oposición; pero que -en general- no rebasa los marcos condicionantes de ése régimen socioeconómico (el MPI) [...] Paz no tiene ni la más remota idea de que hay un común denominador -el monopolio de la práctica teórica- que conforma, con inclusión de los políticos, burócratas y militares instruidos, a toda la clase de los que detentan los medios intelectuales productivos. (González, 1989, 218) 

Paz considera al estado intelectual como una superestructura del sistema político de clase. También afirma que los intelectuales están en la oposición, que son la disidencia, los mártires de la historia. A lo que González Rojo afirma que no son una superestructura, aunque, sí, la clase que está en el poder es la intelectual. Mientras no se desmonte "la conformación del trabajo social" (González, 1989, 214), no se modifique y subvierta la división social del trabajo, la clase intelectual se vuelve clase dominante, el polo superior de un proletariado organizado desde el capitalismo. La clase dominante es el capital y la pequeña burguesía, así como intelectuales dentro y fuera del carácter académico. Además, está el sector hegemónico, aquellos intelectuales avenidos al Poder, quienes toman las decisiones del Estado, es decir, la burguesía burocrática intelectual. González Rojo refuta el que los intelectuales sean una superestructura, el problema estriba en aquellos intelectuales dentro del gobierno, la burocracia ejecutiva como fuerza del trabajo intelectual y manual, y los intelectuales fuera del gobierno, los excluídos del poder. El debate es inter-intelectual.

Paz escribe al respecto en El laberinto de la soledad, cuando compara al liberalismo como una "máscara de la Revolución". (Paz, 1992, 61) Menciona el peligro inminente del neoporfirismo, donde banqueros e intermediarios se apoderan del Estado. Donde las clases dirigentes de México colaboran como administradores asociados "con un poder extraño". (Paz, 1992, 61) En Posdata denuncia la fusión entre el Estado, el "financial military complex" (Paz, 2003, 384) y formaciones casi institucionales que controlan los medios económicos, militares y políticos dominantes mundialmente; desplazando al Estado.  

De ser Posdata una postura crítica de Paz a las clases que se apoderan de las fuerzas del Estado, para la década de los noventa, Paz disfruta de la política del Poder y forma parte de ella. Ahí el problema socio-cultural con el culto que de Paz se ha hecho, de cuando el político funge cual intelectual y cuando el intelectual se convierte en político; cuando la burocracia y la inteligencia confluyen en el poder estatal. De ahí también la existencia del siguiente libro de González Rojo, a revisar a continuación.

4) Modernidad y tradición en el México contemporáneo 

Al año de publicar El Rey va desnudo, González Rojo publica Cuando el Rey se hace cortesano, Octavio Paz y el salinismo (1990). Es una respuesta inmediata a los artículos de Paz publicados en 1990 en el periódico Excélsior y reunidos en el libro, Pequeña crónica de grandes días (1990). El salinismo, dice González Rojo, encuentra a su ideólogo en el tema del Estado. En 1990 Paz consiente con la conversión moderna del Estado en el proceso de modernización a la democracia y a la libertad: "Sucesivas transformaciones del Estado: se convirtió en benefactor, después en gran propietario y al fin en providencia". (Paz, 1995, 415) Esto es muestra de la ley de tendencia en que Paz se torna en "consejero del partido oficial" (González, 1990, 87) del presidente de México en turno, Carlos Salinas de Gortari  (1948) cuya presidencia fue de 1988 a 1994. En realidad, dice González Rojo, de la libre concurrencia del capitalismo, se pasó al monopolio y de éste al capitalismo monopolista del Estado (CME), para pasar a la fase de la trasnacionalización del capital nocivo y todopoderoso, "providencia universal de la explotación". (González, 1990, 57) 

Pero Paz toma en cuenta sólo la pareja Estado propietario o patrimonialista / Estado <<justo>> o no patrimonialista, y no advierte o no quiere advertir que hay otra pareja: Estado activo o interventor / Estado pasivo o no interventor. (González, 1990, 82) 

Continúa González Rojo: 

Cuando veo al monarca de la cultura nacional brindándole consejos al partido de Salinas de Gortari, además de condolerme, como compatriota, por lo lamentable que resulta el espectáculo de un rey convertido en cortesano, me pregunto: ¿dónde quedó el Paz crítico, el intelectual celoso de su independencia, el artista sin compromisos con los poderosos? (González, 1990, 87)

En el libro de 1990, Cuando el Rey se hace cortesano, Octavio Paz y el salinismo, González Rojo describe el caso de la inteligencia avenida al poder con el vivo ejemplo de aquél Paz crítico y denunciador del partido oficial y del sistema de gobierno mexicano. Paz, en Posdata escribe: 

el partido mexicano no conoce la democracia interna y está dominado por un grupo de jerarcas que, a su vez, prestan obediencia ciega al presidente en turno. (Paz 2003, 380) [...] Hecho a la imagen de la realidad política y social de México, el PRI es una burocracia jerárquica, una verdadera pirámide. (Paz, 2003, 383) 

Esta frase recuerda ciertas características pacianas: el simbolismo, el analogismo y la imagen. González Rojo enfatiza las afirmaciones de Paz en Posdata

el Senado y la Cámara de Diputados han sido y son dos cuerpos parlanchines y aduladores que jamás han ejercitado crítica alguna; el poder judicial es mudo e impotente (Paz, 2001, 285) [...] a medida que la crisis política se encone, el PRI dependerá más y más de la fuerza física de las armas. (Paz, 2001, 286) 

Las obras completas de O. Paz editadas por el FCE tienen una diversa redacción y selección de párrafos a la recopilación de Mario Enrico Santí. Ha sido inevitable recurrir a las varias versiones de los textos.

González Rojo compara las afirmaciones de Paz en Posdata y de veintiún años después, en Pequeña Crónica de grandes días (1990). Con Salinas, Paz que aboga por una reforma democrática. Paz aconseja, sugiere, "recomienda aunar a la reforma económica salinista una reforma democrática e iniciar ésta con la transformación del partido oficial". (González, 1990, 91) Paz escribe en Pequeña crónica de grandes días:

 No menos urgente que la reforma democrática en el interior del partido, es el cambio de su relación con el gobierno [...] La democracia plena sólo será posible si el vínculo entre el gobierno y el partido se invierte; quiero decir: cuando el PRI deje de ser el partido del poder y se convierta en un partido en el poder. Claro, un poder conquistado en las urnas. (Paz, 1995, 412)

Pequeña crónica de grandes días (seis artículos publicados en el periódico Excélsior en 1990), es escrita veinte años después de Posdata por un Paz cuya crítica es reformista. Ya anteriormente vimos como González Rojo afirma en El rey va desnudo que Paz -y quizá no sólo Paz- confunde, entre otras cosas, el Estado con el Gobierno. Además, en Paz no es lo mismo "la actitud crítica antigobiernista y denunciadora del 69 que la posición aduladora y consejera del 89-90". (González, 1990, 91) Hasta el final de sus días, Paz continuó esta postura, continuó asesorando y siendo consejero de la presidencia, incluyendo la de Ernesto Zedillo Ponce de León (1951), cuya presidencia fue de 1994 al 2000. 

La actitud inconformista a la obra y figura de Octavio Paz la afirma González Rojo en la entrevista "Enrique González Rojo: Tuércele el cuello a la señora Posteridad", concedida a Banda hispánica:

  [...] en un trabajo donde hablo de las mafias literarias en México menciono la mafia de Alfonso Reyes, pero reconozco que ésa era apenas un monopolio nacional que alcanzaba a cartearse con Paul Valery, mientras que la mafia de Octavio Paz ya no era un monopolio, sino una auténtica trasnacional que trabajaba en el objetivo de lograr un premio Nobel. Y lo logró. Los movimientos políticos de este intelectual estaban perfectamente calculados, formaban parte de una táctica que respondía a una estrategia de vínculo con el poder, incluso cuando después de la masacre de 1968 renunció a su cargo en el cuerpo diplomático, lo hizo como un golpe publicitario, como una jugada que lo ponía en el centro de los reflectores. [...] Paz era un monarca de sospechosa censura. Supongo que las causas se hallan en la relación que tenía Paz con Carlos Slim y con Televisa. (Leyva) 

En otra entrevista de agosto de 2008 concedida al periodista Arturo Jiménez, González Rojo se define escritor contestatario, impugnador del sistema, independiente, anticapitalista; afirma:

[...] la mayor parte de la cultura en México es oficiosa, vinculada al PAN y al PRI, y creo que no da pábulo a un tipo de literatura, en el sentido amplio del término, abarcando no solamente la poesía, sino la filosofía y la política, en que los escritores puedan ser críticos, no sólo del sistema que nos domina, sino respecto de todas las manifestaciones políticas importantes que se presentan. (Jiménez, 2008)

Es relevante resaltar que el libro de 1990 de González Rojo es una respuesta no sólo como crítico de la historia contemporánea de México, sino como integrante solidario del Partido de la Revolución Democrática, y no sólo ante los acontecimientos del fraude electoral y la violencia presidencial orquestrados por Salinas de Gortari apartir de 1986. El libro de González Rojo es, además de una voz personal como mexicano independiente, una voz dentro del Partido de la Revolución Democrática, el partido político opositor y denunciador ante las injusticias del modelo neoliberal dirigido desde, por y para las autocracias nacionales e internacionales: en ese entonces González Rojo menciona la triarquía financiera trasnacional: Estados Unidos, Japón y Alemania. 

González Rojo responde desde una posición anticapitalista mantenida de por vida. Identifica la transformación de Paz: desde una posición contestataria al sistema político mexicano oficial en el año 1969, en Posdata, para, apartir 1987, vincularse Paz al PRI, a la política salinista y a Televisa. González Rojo lo llama "el proceso de degeneración política y moral del monarca de la cultura mexicana". (González, 1990, 94) Las razones aducidas por González Rojo son: "su adhesión entusiasta y acrítica al idearium y a las promesas de Salinas de Gortari y por sus reticencias e incomprensiones respecto a Cuahutémoc Cárdenas y al Partido de la Revolución Democrática". (González, 1990, 94) 

Como referencia cultural, mencionamos el peculiar nombre también escrito Cuauhtémoc, nombre náhuatl: cuauh- `águila´ témohuia `descender, bajar´. Referencia a Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica de México-Tenochtitlán (1496-1524/1525).

El libro de González Rojo, Cuando el Rey se vuelve cortesano, Octavio Paz y el salinismo, es una concretización en el tiempo histórico de los conceptos que Paz presenta en sus ensayos. Específicamente, es la confrontación y disyuntiva que presenta el país, México, tras la asunción espuria a la presidencia por Carlos Salinas de Gortari, y la postura oficial opuesta de entonces a los dos principales partidos políticos: el Partido de Acción Nacional, y el recién formado Partido de la Revolución Democrática. 

Estos dos libros mencionados de González Rojo son relevantes por representar la apertura pública de aquél discurso crítico de hombres pertenecientes a la oposición al partido único de México, el PRI, partido que reinaría o gobernaría desde 1929 hasta el 2000, setenta y un años en el poder; si bien con transformaciones internas y de nombre. Lo que es ahora el PRI fue fundado en 1929 por el presidente en turno, Plutarco Elías Calles (1877-1945), bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR). Posteriormente, en 1938, el General Lázaro Cárdenas Batel (1895-1970) lo refundó como Partido de la Revolución Mexicana (PRM); finalmente, en 1946, adopta el nombre que ostenta al día de hoy, Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuya dirigencia presidencial fue ocupada por el primer civil en gobernar el país desde la Revolución Mexicana, el licenciado Miguel Alemán Valdés (1903-1983). 

Para cuando González Rojo escribe su crítica a Paz y, en específico, sobre el acercamiento de Paz al PRI, su voz crítica representa el resquebrajamiento público de la omnipotencia del partido único y de sus allegados cortesanos. El que Paz haya optado por avenirse a la política priísta es representativo en la historia política-literaria de México por la influencia cultural y política, es decir, la relevancia de Paz inferida en el público. Si bien no necesariamente el lector ha de avenirse a la visión ni de Paz ni de González Rojo, tales visiones encontradas son representativas y relevantes al desarrollo del discurso crítico del país, México.

Como ejemplo de la crítica levantada por González Rojo está la repercusión cultural literaria de que Paz afirme en 1990 que el salinismo, lejos de renegar de la tradición, la usa de modo creador. Al finalizar el siglo XX, Paz afirma que el Partido Revolucionario Institucional es heredero de las aspiraciones democráticas de la Revolución Mexicana y fiel a los propósitos modernizadores. Paz alaba la integración de México a la modernidad planteada por los EUA en el Tratado de Libre Comercio y aboga que el PRI ha evolucionado al nivel de ser ya no un partido del poder, del Estado, sino un partido en el Estado. González Rojo llama a esta modernización:

[...] la perestroika campesinista de Carlos Salinas de Gortari. [...] Me gustaría equivocarme. Ojalá que el salinismo no llegue a estos extremos, y, en el caso de hacerlo, ojalá que Paz -cuyo padre fue zapatista y que ha simpatizado siempre con el ejido- no caiga en este lodazal ideológico. (González, 1990, 126) 

González Rojo afirma que, para Paz, "el leitmotiv de nuestra historia" (González Rojo, 1990, 142) es la relación entre la modernidad y la tradición en la historia del país, México. González Rojo afirma que la visión de Paz arranca del supuesto: "dime cómo ves la tradición y te diré cómo te defines respecto a la modernidad". (González Rojo, 1990, 142) Complementa el planteamiento teórico sobre modernidad y tradición respondiendo a las críticas de Paz sobre el que el Partido de la Revolución Democrática -fundado por el político mexicano, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (1934), hijo del ex-presidente michoacano, el General Lázaro Cárdenas- represente un neocardenismo. Refuta el que, teniendo una vida tan corta, el cardenismo esté enclaustrado en políticas maximalistas o de extremismo utópico. González Rojo afirma que Paz malinterpretó la transformación del Partido de la Revolución Democrática en: a) el que las cooperativas de gobierno del Partido de la Revolución Democrática fuesen en contra de la tradición cardenista, y b) que una sociedad autogestionadora representara una modernización ambigua. Paz deduce que si el Partido de la Revolución Democrática es heredero del cardenismo, debería abrazar tanto el culto a la intervención del Estado como al corporativismo revolucionario. González Rojo afirma que Paz considera al Partido de la Revolución Democrática un arcaísmo político e ideológico de la oposición de izquierda, que "no puede ser moderno porque no acierta a definir su tradición". (González, 1990, 143) González Rojo afirma que muchas afirmaciones y críticas de Paz son "superficiales [...] frases huecas y provocativas [...] carecen de fundamentos, argumentaciones, seriedad". (González, 1989, 296, 297) 

González Rojo rechaza el tipo de tradición que promueve el populismo y el neoliberalismo, igualmente rechaza no la modernidad en sí, sino aquella modernidad basada en una economía mixta que siga la asociación al capital extranjero multinacional, la trasnacionalización de la propiedad agrícola del país, la privatización de los ejidos. González Rojo resalta la importancia de la tradición y recuerda "El principio dialéctico de que en el seno de lo viejo se genera lo nuevo". (González, 1989, 23) González Rojo considera preocupante el que Paz sea visto como el monarca de las letras mexicanas, entre otras razones, porque "Paz justifica con satisfacción y alegría" (González, 1990, 126) el proyecto de nación que pretende gestar el salinismo.    

 Para el año 1990, en Pequeña crónica de grandes días, Paz analoga las realidades económicas, políticas y geográficas ante el crecimiento del Estado. Paz compara la reforma de apertura de Gorbachov, la Perestroika y la reforma modernizadora neoliberalista de los presidentes mexicanos Miguel De la Madrid (1934), quien sirviera al gobierno de 1982 a 1988, y C. Salinas de Gortari. Pero González Rojo considera esta comparación sobre reformistas y conservadores "un maniqueísmo francamente  simplista". (González, 1990, 50) Igualmente simplista es el confrontar una posición conservadora de los comunistas ortodoxos rusos con una propuesta progresista o reformista de Cuauhtémoc Cárdenas, quien, en el México de 1986, había formado un partido político de oposición (el Partido de la Revolución Democrática). Paz es defensor de la:

[...] "concepción metafórica de la historia o del metamorfismo histórico". (González, 1990, 48) Paz calla sobre la enfermedad (el neoliberalismo de país dependiente) a la que, incluso, convierte en la supuesta terapia de la enfermedad estatista. (González, 1990, 56) 

Para González Rojo es claro que la visión intelectual de Paz es a favor de una democracia occidental, del modelo liberal (estadunidense), "no es el tránsito de los conservadores a los progresistas, sino de la derecha burocrática a la derecha tecnocrática". (González, 1990, 52) Paz aboga con explicaciones no profundas, cae en "un silencio ideológico y manipulador". (González, 1990, 56) Paz cae en una falsa consciencia, en la limitación apreciativa y parcialidad que legitima los intereses de la minoría en el poder, en el encubrimiento, cae al dictado de una clase intelectual del sector hegemónico de la burguesía avenida al poder. González Rojo afirma que Paz cae en planteamientos de ideología al generar una práctica teórica deformante y conformante; Paz cae en ideocracia por ser esta práctica teórica una apariencia social de acuerdo a una clase social determinante. 

Paz entrevé e intuye las relaciones necesarias en la sociedad, "no es que diga siempre falsedades, sino que no cala hondo [...] cae en el eclecticismo, la ambigüedad, el medio tono". (González, 1989, 284) Y en ello hay que recordar que Paz no es sociólogo ni politólogo, se considera, por sobre todo, un poeta y ensayista; sabe que con sus ensayos no piensa suplir la tarea de sociólogo. Por ello la crítica de González Rojo al afirmar que Paz no describe con precisión los procesos, que presenta sus argumentos con la vaguedad o abstracción suficiente para dar cabida al desfase; sus ambiguedades niegan "toda validez a las posiciones del determinismo histórico". (González, 1989, 49) De ahí que sea refutable "la posición abstracta historicista de Paz". (González, 1989, 60) Y se pregunta: "este cuadro que nos presenta Paz ¿responde a la realidad?" (González, 1990, 150)

Este último rubro con el que cubrimos las disputadas visiones entre Octavio Paz y Enrique González Rojo no implica que hayamos abarcado el pensamiento de ambos autores. Es sí una pequeña representación no sólo de autores diversos, sino de visiones confrontadas de fines del siglo XX y los albores del siglo XXI.


B i b l i o g r a f í a  


Paz, Octavio. El Ogro filantrópico: historia y política 1971-1978. Barcelona: Seix Barral, 1990.

---.  El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica, 1992.

---.  "Tiempo Nublado." Ideas y costumbres I La letra y el centro. Obras Completas Tomo 9. México: Letras Mexicanas, 1995. 269-363.

---.  "Postdata." El peregrino en su patria. Historia y política de México. Obras Completas Tomo 8. México: Letras Mexicanas, 2001. 267-325.

---.  "Postdata." Octavio Paz. El laberinto de la soledad. Ed. Mario Enrico Santí. Madrid: Cátedra, 2003. 363- 415.

García, Ernesto. "Enrique González Rojo Arthur, Deletrear el infinito: Enrique González Rojo." Escritores del mes. Coordinación Nacional de Literatura. México: Conaculta. octubre 4 2009. Disponible en: <http://www.literatura.inba.gob.mx/literaturainba/escritores/escritores_more.php?id=6611_0_15_0_M>.

González Rojo, Enrique. El rey va desnudo. Los ensayos políticos de Octavio Paz. México: Posada, 1989.

---.  Cuando el rey se vuelve cortesano. Octavio Paz y el Salinismo. México: Posada, 1990.

Jiménez, Arturo. "Muy pocos, los escritores independientes. Enrique González Rojo Arthur." Riodoce.com.mx. Sinaloa: Riodoce.com.mx. septiembre 8 2008. noviembre 17 2009 Disponible en <http://www.riodoce.com.mx/content/view/154/37>.

Leyva, José Angel y Anaya y José Vicente. "Enrique González Rojo: Tuércele el cuello a la señora Posteridad." Jornal de Poesía. México: Banda Hispánica. noviembre 11 2009. Disponible en <http://www.revista.agulha.nom.br/bh14rojo.htm>.